
No es mejor ni peor,
es distinta, nada más,
ni incrédula, ni creyente,
pero no es superficial.
Ni lazos de terciopelo
ni le atraen las sedas finas,
ni le importan los brillantes,
ni las pieles de chinchilla.
Su mundo es otra cosa,
piensa en la gente sencilla,
en que hay gente que no tiene,
ni comida ni camisa.
Ella se siente impotente,
al no poder hacer nada,
sin conseguir que la gente,
sea un poco solidaria.
Mas en vano lo pretende,
solo encuentra incomprensión,
por eso siempre está triste,
y vive su decepción.
No encuentra tampoco apoyo,
en quien debiera encontrar
y quien podría entenderla,
no la entenderá jamás.
En su lucha no desmaya,
por terminar la injusticia,
mas para tirar la toalla,
no es momento todavía.
Quizá no valga la pena
luchar para nada,
quien siente igual que ella,
es cosa lejana.
¡Tan lejos ella ama!
Triste y amarga es la vida,
quiere la fruta prohibida,
todo en la vida le dio la espalda,
su corazón late sin ganas,
vive sin besos,
también sin alma.
(c) Magali


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