
Te miré como a un ídolo
desde que te conocí,
mi Dios, mi patria, mi Rey,
fuiste todo para mí.
Como una montaña de arena
se destruyó mi cariño,
no eres de oro ni de plata
solamente de hojalata,
no mereces ser mi amigo.
Yo soñé que eras distinto
y no es en realidad,
ahora te veo con virtudes,
y defectos además.
No eres nada extraordinario
yo te quise idealizar,
pero eso es malo,
sí, muy malo,
porque te exigía más.
¡Qué desilusión! Darme cuenta...
que el ídolo era de barro,
así yo debí pensar,
cuando te hiciste pedazos,
comprendí que era verdad.
(c) Magali


No hay comentarios:
Publicar un comentario